domingo, 4 de diciembre de 2011

Subsisten los que mejor se adaptan, no los más fuertes


CUALQUIERA


CON CUALQUIERA

“Me gustan las mujeres más inteligentes que yo, por eso me gustan todas”



¿Somos adúlteros por naturaleza?


Subsisten quienes mejor se adaptan al medio


Consideremos como puntos cardinales del saber a Agustín García Calvo, Marx, William Reich y Darwin.


Según éste sobreviven los miembros de cada especie que mejor se adaptan al medio natural en el que les ha tocado vivir.

En consecuencia, pervivirán aquellas especies cuyos miembros mejor se amolden a las circunstancias que les rodean y más 
procreen (compensando así las pérdidas causadas por calamidades, enfermedades y otros jinetes del Apocalipsis).



Ventajas de nuestra especie


Que la especie humana es una de las triunfadoras en esto de

adaptarse al medio y subsistir es algo palpable. Es más, hoy en día somos capaces hasta de adaptar el medio a nosotros, con lo cual la victoria, en términos darwinianos, es rotunda.


No es descabellado atribuir esta victoria a eso que llamamos inteligencia. Aunque más bien en un sentido de Formación Profesional y no de intelectualidad; que en ésto ha habido mucha palabrería enrevesada e interesada, mientras que en la ciencia aplicada sí es cierto que han abundado los inventos prácticos, desde la nevera hasta el tren, pasando por la anestesia.

Y hay que considerar también, como parte trascendente del triunfo de nuestra especie, el fenómeno de la procreación entre los humanos.


En efecto, así como las plantas se reproducen de carambola y a base de aumentar en un gran numero las probabilidades de 
embarazo, lo mismo ocurrió entre nosotros.


Repasemos el fenómeno de las flores y su reproducción, porque es lo que mejor puede ilustrar lo que aquí explicamos. 

Sin profundizar, pues no es el caso, recordemos en qué consiste ese tipo de procreación, completamente casual (y no causal) y probabilística.

Del libro LA ESTAFA SEXUAL de Paco Molina

viernes, 2 de diciembre de 2011

Consuélate con EL CONSOLADOR


                                               EL     CONSOLADOR



De vez en cuando aparecía un anuncio en revistas de distinto género. Eran los años que bordeaban al 70 y siguientes. Como el reclamo era pequeño solía figurar en una página junto con otros de relojes de cuco, quitamanchas mágicos o mini proyectores de cine. De él llamaba la atención su abstracción, era un anuncio abstracto. Consistía en una cara femenina dibujada, que sobre su cuello apoyaba el objeto.  Éste era como un misil a escala 1:100.000, añadiendo la leyenda: “VIBRATOR. Proporciona un agradable masaje aliviando la tensión muscular”.



                                                           I

            Esther estaba pasando una larga temporada en el pueblo, en casa de su abuela. Su tía había solicitado el Vibrator por correo (única forma de conseguirlo). Sufría fuertísimos y frecuentes dolores de cabeza, y consideró, tras ver la propaganda, que a lo mejor era un remedio útil para su caso. Cuando llegó aquel cilindro blanco, estriado, con cabezal liso en forma de punta de bala de mortero, inmediatamente le dio el uso para el que fue adquirido. La tía de Esther, llena de pueblo, llena de soltería y llena de represión- la de la época-, aplicó el vibrador en su cuello y nuca, tratando de aliviar esa posible rigidez muscular que la atormentaba, y contra la que parecía que no podían las aspirinas.

            Como el  Vibrador no fue mano de santo, Esther oyó a su tía soltar un discurso sobre la cantidad de estafadores que había, que aquello no servía para nada, y que la verdad era que, “Franco ya no era lo que era”, porque a estas personas que venden cosas que luego no servían para nada debían  meterlas en la cárcel.

            Así, el Vibrador pasó a ser uno de esos múltiples objetos que hay en todas las casas y nadie sabe donde están, porque donde de  verdad están es en el olvido y allí nadie busca nada.



                                                           II

            Esther tenía 17 años y lo que hacía en el pueblo era recuperarse de una tosferina. Para no aburrirse devoraba libros como una cosaca que aspirara al Nobel de literatura. Resultaba además que en aquella casa de sus antepasados había una importante biblioteca familiar, con ejemplares de todo tipo y distintas épocas.

            Son muchas las personas que en las novelas buscan vidas que llenen las suyas, y sobre todo que las llenen de aquello de lo que están vacías, por eso, cada vez más, y sin saberlo ni quererlo saber, Esther buscaba narraciones fuertes, con amor y pasiones.

            Cuando llegaba a determinados pasajes notaba llenársele los pechos de ansiedad, y cada vez con más precisión, descubrió que la extraordinaria humedad que sentía entre los muslos, era consecuencia de la secuencia de amor correspondiente, que leía y releía, como atrapada.

            En cierta ocasión el cosquilleo de su pubis fue tan intenso que quiso apagar aquella especie de cien mil minúsculos ventiladores que, insistentes, enviaban un vendaval de vientecillo ardiente, contra el bosque de su bello púbico. Se levantó y decidida corrió al aparador donde semanas atrás había guardado- no le gustaba que se tirara nada- el aparato para masajes que había pedido por correo su tía.

            Cuando volvió a la cama no pudo oír las campanadas de las dos, porque con verdadera angustia se había apretado aquello contra la vulva y, tras accionarlo, sonaba con un monocorde run-rún.





                                                           III

  Cuando acaba la Carrera de Derecho, Franco estaba agonizando, como también agonizaba  la represión externa que la había  acompañado durante toda la vida.

            Desde aquel día en el pueblo había seguido masturbándose con el Vibrador. Se podía decir que durante toda la carrera su mejor amigo íntimo había sido el vibrador, y exactamente aquel vibrador, que para ella si fue mano de santo, la mano de un santo que le proporcionó el primer orgasmo de su vida.. Algo que no sabía, y nadie le había dicho, que existía.

            Ahora, en el lenguaje más cotidiano, Esther ya sabía que lo que ella usaba cada noche, con cariño inaudito, era lo que la gente llamaba un consolador.



                                                           IV

            Tal vez sea la misma cosa, el que ella llegara a adorar los libros por ser cerebral o el que ella acabara siendo cerebral de tanto adorar los libros. El caso es que todo lo filtraba por una milimétrica red de razonamientos, hasta dejarlo reducido a un esqueleto de lógica.

            Por eso determinó que no le apetecía ejercer de abogada, menos aún ponerse a preparar unas oposiciones y tampoco seguir en casa, al alcance de la mirada cariñosa pero también fiscalizadora, de la familia.

            Se puso pues, plazo para casarse.



                                                           V

            El matrimonio por amor se expone a las zozobras del propio amor y también a las zozobras que ocasionan las características del vínculo. “Mira Esther -le había dicho algún tuno en algún paso del Ecuador- casarse es como si a dos que se quieren les dijeran,¿lo que más deseáis es estar siempre juntos?,pues venga, y les pusieran la misma camisa de fuerza a los dos”.

            Dos personas dentro de una misma camisa de fuerza, eso era lo que ella veía en el matrimonio. Pero tenía que casarse....le apetecía, para resolver el futuro.



                                                           VI

            Por aquellos días cayó en su poder  un cuadernillo de relatos anarquistas, y le llamó la atención, hasta producirle fijación, uno en que se contaba el caso de una chica que estaba  continuamente usando el consolador; entonces los padres la llevan al psiquiatra, que naturalmente dice que está mal de la cabeza y que lo conveniente es internarla; la llevan al manicomio y al ver el diagnóstico, el director da las órdenes oportunas para que le coloquen una camisa de fuerza y así evitar que prosiga con su perversión de masturbarse sin parar. Así lo hacen, le ponen la camisa de fuerza y la dejan en su habitación. La chica, que estaba loca para todo lo que no le interesaba, pero no para su obsesión, se había escondido el vibrador en la vagina, con lo que, aunque a duras penas, consiguió aprender a arrancarlo y pararlo sin manos, pudiendo así seguir en su continuo frenesí. Pasados una docena de días, el doctor satisfecho, lleva a la familia ante la enferma y les anuncia: “¿A que no esperaban verla tan bien? Ha sido fulminante. Apartarla del vicio y aquí la tienen.....Si es que parece otra. Así que se la puede llevar cuando quieran”.



                                                           VII

            El comentario del amigo, el relato anarquista y por encima de todas  las demás cosas, el propio proceso vital de Esther, hicieron que ya que se iba a poner la camisa de fuerza matrimonial ¡que la cogieran dentro con un vibrador!.

            Se trataba pues, esto del amor, de buscar un hombre que hiciera las veces de un consolador. Apreciarle como objeto que resuelve ciertos problemillas, pero nada más.

            Por eso empezó a buscar un hombre-consolador. Y se decía: El buen vibrador debe ser de lujo, por eso el hombre debe tener dinero. Debe ser manejable, por eso debe ser alguien al que pueda imponerle lo que se me antoje. Y debe ser siempre igual para que no haya sorpresas, por eso ha de tener una edad y un físico que no puedan evolucionar a su favor, es decir, que si está achacoso y es mayor mejor. Tampoco de be ser grande, ya que eso de que los consoladores cuánto más descomunales mejor no es más que una fantasía machista, que sea pues pequeño.

            Con estos criterios y con estos razonamientos, Esther buscó marido, y lo encontró. Ella tenía atractivo, labia y presencia, y para lo que buscaba le resultó fácil la operación.



                                                           VIII

            Como siempre que no se aspira a mucho, la realidad fue más gratificante que el propio sueño, y así, Esther se descubrió feliz con  aquel matrimonio cosificado. Su marido le dio consuelo económico, consuelo sexual y consuelo social. No se le puede pedir más a un consolador. Ni se le debe pedir más a un hombre porque, pensaba Esther, si un macho te hace vivir, también te puede hacer morir. Además “vivir”, en cuanto que significa participar y estar en sintonía con la naturaleza, es algo arriesgado y peligroso que no compensa.



                                                           1

            31 de Diciembre de 1999. Faltan unas horas, pocas, para la Nochevieja Fin de Siglo, y acabo de releer, lo encontré de milagro entre unos recuerdos, el cuento que escribió mi padre con el título de EL CONSOLADOR.

            Ya no me acordaba de nada, ni de mi padre, ni del libro, pero al ver cómo están las cosas por casa, me siento impulsada a escribir para que quede constancia no se de qué.

            Mamá Y Ricardo Rodríguez Montañés, preparan entre risas la que será una buena noche de las Navidades, mientras mi hermano, el cariñosón, escucha música en su habitación y prepara alguna de sus agradables sorpresas. Somos felices.

            Ricardo Rodríguez Montañés es mi padrastro, casado en segundas nupcias con mi madre. Mi padre murió hace 7 años, cuando tenía 48. No es que mi madre se casara viuda. Ellos se habían divorciado varios años antes, y fue, estando ambos divorciados, cuando mi madre se casó con su actual marido

            Lo que quiero reflejar y dejar escrito, es la poca consistencia que tienen los sentimientos, todos, desde el amor al odio, sin dejar ni uno de los intermedios.



                                                           2

            La publicación del libro EL CONSOLADOR causó gran revuelo en la pequeña ciudad del Duero donde vivíamos. Sabido es que, al no poder joder la gente todo lo que les pide el cuerpo, van cayendo en una abulia y apatía que por ser antinaturales se rebelan, buscando emociones donde las haya. Ya que no las hay donde las tiene que haber. Por eso alguien puso en circulación la teoría de que mi padre había utilizado aquella narración para ridiculizar a mi padrastro llamándolo objeto, diciendo que sólo servía para ser usado como un consolador.

            Hasta aquí todo mezquino pero normal. Lo tremendo fue cuando en una disputa entre gente del gremio, alguien insultó a mi padrastro llamándolo consolador.

            A aquellas alturas e impulsado por el morbo, el libro se vendía ya como rosquillas, tal vez con la vana esperanza, por parte del comprador de turno, de encontrar algo así como la noche de bodas de Ricardo y mamá, u otras lindezas.

            En casa, lo supe después, se había barajado la posibilidad de la querella, pero mamá se oponía. No por restos de cariño hacia mi padre que no debían existir, sino por temor a que la gente tradujera el supuesto paralelismo en la descripción de Ricardo, con otro aún más descabellado como sería el suponer que Esther tenía algo en común con mi madre, cuestión demencial.

            Pero claro, al saberse ya bautizado como el consolador, Ricardo no tuvo otra opción que presentar demanda.

                                  

                                                           3

            Lo malo fue que mi padre plantó cara. Se le ocurrió decir -en las diligencias previas- que tendrían que demostrarle que Ricardo era un consolador para así poder ser acusado de que había inventado un personaje que se podía confundir con el feliz esposo de su ex –esposa. Y añadió que esa demostración la veía difícil, porque suponer que Ricardo podía cumplir la misión principal de un consolador era surrealismo puro.

            Hubo juicio, tan evidente en los planteamientos, que no se tuvo ni que recurrir a las amistades, múltiples e importantes, que tenían mamá y Ricardo.

            Mi padre aprovecho la vista para poner en solfa demasiadas cosas, con lo que se puede decir que no sólo se puso la soga al cuello sino que incluso tiró de ella.

            Fue su ruina: profesional (el libro fue secuestrado), económica (no pudo afrontar los gastos que todo aquello le ocasionó) y sentimental (la mujer que por aquel entonces compartía con él ilusiones, le dejó porque le pareció que aquel cuento indicaba que él le daba demasiada importancia a algo que ella creía cerrado, zanjado).

            Estuvo 18 meses en la cárcel y recuerdo haberle ido a ver una vez, aunque no se muy bien por qué.

            Ahora, a punto de abandonar un siglo tan ajetreado, empiezo a sentir una infinita melancolía por él. Es esa melancolía que se parece a la pena. Nadie se acuerda de él. Pero no sólo hoy, que pasaron unos cuantos años, sino que una vez que se apagaron los ecos del escándalo provinciano, todas las vidas pasaron a centrarse en otras vidas, para así buscar la vida que les faltaba , y ello con la misma ansiedad y por la misma razón que Drácula bebe sangre ajena porque le falta la propia, ya que está muerto.

            Pero es que ni siquiera mi hermano y yo nos hemos visto perturbados por el menor recuerdo. ¡La vida va muy deprisa!



                                                           A

            Bueno, las cosas claras. Lo que Vds. Han leído hasta ahora es lo que constituye el relato que mi padre tituló El Consolador, por tanto la persona que narraba lo anterior no existe. Soy yo la verdadera hija de mi padre y voy a cantarle las cuarenta aunque esté bajo tierra.

            Fue una gran villanía hacer un relato con morbo y carnaza sólo con el fin de vender unos cuantos ejemplares más, así que le está bien empleado que le emplumaran once meses de cárcel por desacato y mofa del tribunal, y 5 millones de indemnización a mi padrastro como consuelo por la pérdida de imagen que le había ocasionado  la sin vergüenza figura del que me cedió el espermatozoide para nacer.

            Porque esta claro que lo que pretende ser el cuento es algo tan malo y vacío que en modo alguno nadie  puede sentirse reflejado en él. Pero su añadido haciendo como que hablo yo en la Nochevieja de 1999 es evidente que buscaba la provocación abierta y simple, dibujando perfiles que no presentaba la historia anterior.

            Lo que no preveía mi progenitor en su ataque de estúpida vanidad, es que su comentario despectivo ¿cómo no? de la justicia, iba a ser el que más influyera en su fusilamiento judicial y social. No se puede  cuestionar la independencia de nuestra Justicia porque precisamente es lo que más nos costó obtener de esta espléndida democracia..

           

                                                           B

            Conste que la verdadera María, hija de Arturo Antorrena Alarios, e hijastra de Ricardo Rodríguez Montañés soy yo, y las dos anteriores son un par de impostoras.

            El relato El Consolador fue un éxito arrollador, aunque no se sabe por qué. Tal vez por el morbo que lleva dentro. Ello sirvió para que mi padre, que ni se ha muerto ni piensa morirse, nos invitara a sus hijos a dar la vuelta al mundo en barco, mientras mi madre y Ricardo vivían la más feliz de las lunas de miel que imaginar se pueda, porque como le decía él a mi madre: “Por qué me va a molestar que me llamen el consolador si quien me consuela eres tú” .



                                                           C

            Sabido es que estamos en un mundo en que Dios es el dinero, su padre la mentira y el Espíritu Santo el miedo, pero llegar a lo que se ha llegado de decir ellas que son las hijas de Arturo Antorrena Alarios es pura porquería, por no decir mierda, que suena ( y huele) mal.

            Lo que ocurrió tras la publicación por mi padre del relato El Consolador fue lo natural. Se vendieron unos cuantos ejemplares, entre sus amigos. La historia dio un poco que hablar, sobre todo por los añadidos apócrifos y nada más.

            Ricardo estuvo unos días cabreado, y mi madre repitiéndole a todo el mundo :”Si ya os lo decía yo, si es que es....”. Hasta que un día, sin pasar muchos, mi padrastro nos reunió y plantó cara al problema con claridad.

            -“Todo el mundo me recomienda que me querelle contra vuestro padre, demandándole. Y creo que lo voy a hacer, salvo que vosotros (dijo dirigiéndose a mi hermano y a mi) temáis por la suerte de él y prefiráis que lo olvidemos. Sacrificar mi honra, bueno mi honrilla, por los hijos de la mujer que adoro es lo menos que puedo hacer”

Le pedimos que no llevara el caso al juzgado y él se sintió premiado con el título de caballero y persona ejemplar.



          D

Evangelina Antorrena Seisdedos soy yo, como puede atestiguar mi carnet de identidad, y todo lo escrito con anterioridad no son más que sandeces, pues nunca una narración creativa ha dado problemas, como apenas las han dado las autobiografías en cuanto que podían molestar a personajes reales existentes.

Se dice que todo escrito tiene algo de la propia vida del autor.

¡Qué más quisieran los autores!, por ejemplo, en este relato, que no dudo que le hubiese encantado a mi padre que fuese real, no hay ni brizna de verdad; bueno, salvo un dato, es verdad que él murió a los 48 años, pero fue contra su voluntad.



                                               E

            Acabo de venir de vomitar tras leer tanta basura. El autor de  El Consolador no era mi padre, cuyo nombre legítimo es Zacarías Zapatero Zambrano, si no otra persona que le copió la idea a mi padre.

            Un día mi padre le contaba al Sr. Antorrena que si le gustaba escribir que lo hiciera, y que no se preocupara si no le editaban nada. Que en ese caso lo hiciera él; eso tenía la ventaja de que podías soltar un mitin sin que se notara que el salón estaba vacío o decirle a cualquiera cualquier burrada sin oler a estiércol.

            Se ve que el usurpador ha utilizado el noble arte de la escritura para divagar en vez de para narrar algo ameno y chocante.

            Sólo me queda el consuelo de tener la certeza de que mi padre es inocente. Claro que menudo consuelo, para eso es mejor un consolador.

   

                                                           Autor: Pacomolina


jueves, 1 de diciembre de 2011

Resolver en común los problemas comunes,eso es ser racionales


Las soluciones en común

¿Cree alguien que si los ejes de la convivencia consistieran en resolver los problemas que tenemos todos los humanos en común, y en consecuencia nos pusiéramos a la tarea, habría pobres, habría guerras, habría miseria, habría miserables, habría depresiones, 
habría violencia? Obviamente no. Nada de eso tendríamos. Al contrario, ya estaría resuelto lo esencial de todo y para todos. (Eso sí, tal vez no habríamos llegado a tan loables descubrimientos como la cerveza sin alcohol, la gallina sin plumas y el elefante sin trompa o bobada similar).

Aún habrá quien diga.”Sí, sí, pero la realidad es la realidad y las cosas son como son, y lo cierto es que estamos como estamos”.

Conforme. Pero piénsese ahora: ¿Para qué nos sirve entonces la inteligencia si no se usa? ¿De qué sirve creerse superiores a los animales si vivimos peor que ellos?.


Formamos sociedades porque somos sociables. 

Somos sociables por tener necesidades comunes que sólo podemos resolver conviviendo. Entonces, poseamos en común todo lo imprescindible para satisfacer en la mayor medida de lo posible el instinto de conservación. 

Y tengamos así mismo, una disposición, aliento y fomento de encuentros sexuales o amorosos, en tal medida, grado y facilidad, que el instinto de placer resulte saciado por completo.


Si lo más común es esencial, es esencial resolver en común lo más esencial”.


Todo lo que no sea eso es una estafa, puesto que nos priva a todos de lo que necesitamos.

«Confesemos la verdad y fuera confesiones».




Del libro LA ESTAFA SEXUAL de Paco Molina

Cena de los Inocentes 2011 de COZPROBUHO


                  COZPROBÚHO 

                                                       CENA   DE    LOS    INOCENTES



La Cofradía Zamorana Progresista del Buen Humor –COZPROBUHO- te  saluda, “Pueblo Llano que vas a ser sacrificado por tu bien….y el de la banca”

y te invita a disfrutar de la Cena de los Inocentes del Año  2011

           

Por sólo ¡18 euros! tienes derecho a cena, más un regalo sorpresa, más papeleta para el sorteo de una cena gratis, y además:



Podrás elegir al HERODES ZAMORANO del año (el malo)



y también al INOCENTE COLECTIVO DEL AÑO ( los buenos)



y al INOCENTE INDIVIDUAL DEL MISMO AÑO (el bueno).

               

Será en el HOTEL SAYAGUÉS de Zamora. Sito en Plaza de la Puentica

A LAS 9,30 DE LA NOCHE
Entremeses, fritos, carrillera, postre, vinos, licores, café y cava
el 28 de Diciembre
DÍA  DE LOS INOCENTES
 Miércoles

((Para vegetarianos y ecológicos los platos lógicos))

               

Todos los asistentes:

votan libremente (nada de jurados que se venden por sexo y dinero),

cenan sin sentirse coaccionados (nada de comidas de trabajo en las que tienes que cebarte de marisco para representar dignamente a las instituciones)

y disfrutan del show que acompaña al acto, felices  y contentos (nada de diversiones sucias que crean mala conciencia y destruyen la familia).

Pero.....
Cuando los niños se vayan a dormir, actuación especial de la zorra del momento:

“LA PRIMA DE RIESGO”, la más carnal de tus primas.

La reina del striptease (del paño de pureza al desnudo integral, al son de la marcha real).

Pedirás que te rescaten

Actuación autorizada por la Gobernadora saliente.



Puedes apuntarte en los teléfonos: 669928721-615203130-666663125-661718890 o en el mismo Hotel. En TODO CASO en recepción se sacan los bonus -cena.

También puedes improvisar y presentarte allí de repente aunque si no has reservado reserva puedes quedarte compuesto/a  y sin cena, y sin regalo



COZPROBUHO :
La Cofradía donde todos los hermanos son primos y todas las hermanas, tías carnales  

                                                      

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Respuesta a Don Delfín Rodriguez que parece tenerme tírria


Querido Don Delfín:

Últimamente me arrea coces desde su columna en ese periódico que debe tener desconcertados a sus lectores por criticar noticias que “no han sido noticias” en el citado diario pues no se han reflejado previamente en él, con lo cual el ataque le es más fácil. Es como dar patadas a un maniatado.

La primera tanda de sacudidas tuvo que ver con Trefacio. Resulta que este Ayuntamiento también está arruinado y le iban a cortar la luz. En consecuencia su Alcalde decidió que todo el mundo conociera su indignación.

Enterado por la prensa del  problema consideré mi obligación ver cómo se podía ayudar desde la Diputación puesto que soy Diputado Provincial. Y como era incapaz de encontrar una salida permanecí callado más de un  mes. Hasta que en una Junta de Portavoces-reunión formal a la que asisten también el Presidente y el Secretario de la institución- habiendo surgido el tema pregunté si la Caja de Cooperación –especie de banco que tiene la Diputación para prestar dinero a los pueblos- obligaba a que el dinero se destinara a obras o no. Me encontré que tanto el Presidente como el Secretario  no recordaban bien pero que les parecía que se podían extender los préstamos  a cualquier asunto.

Lógicamente propuse al Pleno que se estudiara la posibilidad de usar esa vía para ayudar a ese y otros pueblos.

Pero parece que para usted un político (bueno, yo) no puede salvar a un niño que se ahoga para que no le acusen de ”querer salir en la foto”.

Por cierto, aunque la Caja de Cooperación no puede prestar dinero para pagar gastos corrientes, mi aportación fue útil pues sí  va a servir para hacer obras en el Ayuntamiento de “tu” Trefacio, y también mío en cuanto debo, como Diputado, luchar con todos.

Y vamos con su última tarascada. Yo critiqué que a los clubs de jubilados se les de, además de la subvención típica y anual, un regalo navideño (así consta ) de 2.500 € en relojes. Y lo critico porque es tirar el dinero, y porque si ya recibieron la ayuda de rigor-unos 300 € de media por asociación- esto no procede. Y porque al tratarse de relojes, o son de pared, o no todos los jubilados  tendrán uno, pues hay , a ojo, unas 250 asociaciones-una por municipio-. Pero si no hay relojes para todos, entonces ¿Quiénes se los quedan?

Como me es inexplicable tal gasto me pregunto, en la nota de prensa, si no será para comprar voluntades (hay muchas directivas de distintas  asociaciones de todo tipo que dejan caer que “el PP si les ayuda”, como todo el mundo sabe).

Ante esto usted me sacude sin piedad y sin razón en cuanto a la proporción. Insinúa que como Diputado tengo prebendas: Sépase que los Diputados recibían una cesta de Navidad cada uno de cerca de 300 € y en cuanto me enteré y lo denuncié, se suprimió. Sépase que la comilona del Día de la Provincia era gratuita, y gracias a las denuncias de IU ahora se la pagan los asistentes. Es verdad que aunque yo tengo la conciencia tranquila porque doy todo lo que percibo a mi grupo, los diputados cobran demasiado, tanto que año tras año propongo la reducción drástica de emolumentos y personal de confianza y liberados, pero su querido PP, no hace caso.

Yo no tengo ninguna tele procedente de mi actividad pública, y respecto a las amnistías a banqueros, y otras subvenciones, ya lo creo que protesto , y en todas partes y a tiempo total.

Que me critique es normal y yo que tenga derecho a defenderme, más aún ¿no?

Paco Molina-Diputado Provincial de IU