martes, 1 de abril de 2025

EL BLANQUEAMIENTO QUE NOS FALTABA

 


EL  BLANQUEAMIENTO  QUE  NOS  FALTABA

Tras el “blanqueamiento” del dinero negro, de las guerras, de los corruptos, de los negligentes, de las mentiras, de los comisionistas,  de los insolidarios, ahora ha llegado el no va más a nuestra civilización…..el “blanqueamiento anal”.

Tampoco yo salgo de “tu asombro” pero, en efecto, el “blanqueamiento anal” existe, y consiste en  darle un tono más pálido al entorno del ano.

Estaba viendo “El Intermedio” y el Gran Wyoming hacia su célebre perorata inicial. Comentaba  el absurdo al que está llegando la moda de arreglar las partes del cuerpo que se quieren “mejorar”.

Para apoyar bien su mensaje usó una foto de 2 bañistas en bikini, rematando así su discurso: “… Y ahora se ha puesto de moda blanquear las nalgas”.

Pero al acabar le corrigieron: “Tenías que haber dicho blanqueamiento anal”

Es obvio que él sabía lo que tenía que decir pues se supone que antes  se leen los guiones. Y tal vez ocurrió que a su subconsciente le debió de resultar tan increíble el dato que transformó en blanqueamiento de nalgas lo que era algo más profundo.

Si tratamos de explicarnos este fenómeno tan inaudito debemos recordar que cuando los machos dan su golpe de estado contra la libertad (cuando nace el machismo) se legisla que cada mujer sea de un hombre (matrimonio) y que la que no sea de uno que sea de todos (prostitución). Naciendo así la “mujer objeto” puesto que desde ese momento todas pueden ser compradas y vendidas cual “cosa”.

Naturalmente esta condición social obliga a las mujeres a buscar el ser “pretendidas”  por el mayor número de machos posible (para poder luego dar el sí al mejor de entre esos “pretendientes”). Esto, naturalmente, va hacer que la belleza física pase a ser trascendente.  

De esa necesidad (de atraer a varios para poder  elegir al “presuntamente” mejor) surge la cultura de los ungüentos, los tacones, la vestimenta femenina.

La razón de los machos para “someter” a las hembras era que, al ser de su propiedad, ellas estaban obligadas a cuidarles, darles sexo y sobre todo proporcionarles hijos (ya que esa era la disculpa teológica del machismo para imponer su poder: el que había que tener la mayor descendencia posible para subsistir como tribu).

Por eso las religiones (un poquito machistas ellas) predican lo mismo que el machismo. Incluso “la verdadera” riza el rizo diciendo a los humanos (al ser expulsados del paraíso) “creced y multiplicaros”.

Mas, volvamos al eje de la noticia, que nos indica que ya se busca “perfeccionar” hasta el tono de la piel que rodea el ano (con lo que nunca llegó a tanto lo de: “para gustos, los colores”).

Un disparate que nos debe recordar que la letanía de arreglos corporales, desde quitar unas patas de gallo hasta esta del blanqueamiento anal,  son un absurdo que surge de la falta de libertad de verdad (la que intuyes) lo que obliga a “tener” perennemente  condiciones físicas para ligar (bien sea para siempre o para un coito).

Olvidando así que lo que no atrae a “A” puede gustarle a “B” y que si hubiera “libertad sexual”, a efectos prácticos,  no habría ni feos, ni feas, por aquello de que “en la variedad está el gusto”.

Los pelos del sobaco han pasado a mejor vida de una manera al parecer  irreversible; el asunto de los pechos sin embargo, y positivamente, parece haberse calmado y ya no es obligatorio tenerlos grandes porque la experiencia indica que  todos tienen su gracia. Y si no le gustan a éste seguro que hay otros tantos a los que les flipan.

Que la presión sobre las mujeres, e incluso los hombres, respecto a los  cánones de belleza, llegue al punto de rebuscar cual debe ser el tono de piel de las zonas más recónditas (en realidad los tratamientos de blanqueamiento abarcan también al color de la vulva) nos habla  de un problemón.

Ante esto, ¿qué hacer? Pues que tire la primera piedra quien lo tenga  claro. 

Paco Molina. Zamora.  31 de Marzo del 2025

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