MATEMÁTICAS SANGRIENTAS
La mayoría de las
personas que defienden a los poderosos y “van de valientes”, en el fondo no lo
son; lo hacen por aquello de que “arrimarse al sol que más calienta” parece que
da ventajas.
Este tipo de conducta se
puede ratificar con mil ejemplos, siendo uno de ellos el del cruel bullying (el
acoso escolar en el que unos sujetos atosigan y persiguen a un compañero más frágil).
En estos casos, mientras el fuerte se hace el matón frente al débil, hay un
coro de compañeros de la clase que se “unen” al fortachón, pero no por valentía
y si por temor al bestia. Cuando si fueran valientes se pondrían al lado del atacado.
Otro ejemplo se ve en
esos jóvenes que se unen a grupos de extrema derecha formados por verdaderos
machotes (¿recién salidos del gimnasio?). Es decir, piensan que “quien a buen
árbol se arrima buena sombra le cobija”. Y por ese mismo instinto están en
contra de quienes proponen programas solidarios con los más desfavorecidos, con
los más desafortunados.
Es esta conducta “auto-protectora”
(pero equivocada) la que hace que al comienzo de una guerra haya un sector
social que la celebra dando la razón al bando más fuerte y más rico. Al que (presuntamente)
va a ganar.
Y ello porque ignoran
algo: las guerras ya no las ganan los ejércitos mejor armados y si los más
numerosos (aunque les suponga más bajas).
Recordemos los datos
de la 2ª Guerra Mundial (aunque ustedes pueden investigarlos más pormenorizados
por internet).
Redondeando, y tirando
hacia abajo, podríamos decir que el total de muertos (entre civiles y
militares) fue de 70 millones, de los cuales, quienes iniciaron la contienda
(los nazis, los fascistas y los anticomunistas) sufrieron 20 millones de bajas
mortales y los vencedores perdieron 50 millones de vidas.
Es decir, contra lo
que se suele creer, no siempre es cierto que quien gana una guerra sea el que
ha matado más enemigos como veíamos en las películas de hazañas bélicas.
Los números cantan y
como ven, indican qué aunque los que perdieron la guerra “únicamente” sufrieron
la pérdida de 20 millones de habitantes quienes la ganaron vieron morir 50 millones de
los suyos (entre civiles y militares en ambos casos).
No parece lógico, pero
las matemáticas indican que la cantidad de personas que defienden a uno de los
bandos tiene más importancia que el sofisticado armamento del otro.
Traducido al
castellano y al momento presente, estos “valientes” que apoyan la guerra en Oriente
Medio (desde la grada, claro) porque piensan que la van a ganar EEUU, OTAN e
Israel deben repasar las cifras de habitantes que hay por países. (1.500
millones del Primer Mundo contra 7.000 millones del resto).
Y por si aún no ven que
la 3ª Guerra Mundial la perdería Occidente recuerden lo que está pasando con la
de Ucrania. Al final se está imponiendo el hecho simple de que Rusia tiene más
soldados que el país atacado.
Añádanle a eso (las
matemáticas siguen gritándonos ¡¡cuidado!!) que la energía subirá de precio en
España y por tanto también todo lo demás. Y que aumentará el gasto militar de
una manera desorbitada.
Es decir, el margen
para construir escudos sociales para proteger la retaguardia (plan de la
izquierda) encogería drástica y dramáticamente. Y si gobiernan las derechas,
que encima proponen bajar impuestos a quienes más tienen (porque son los que
les dan las paguitas) es obvio que hasta en estas tierras se sufrirían las
miserias de la guerra (por no hablar de la resurrección del terrorismo de los
desesperados).
Seamos pues pacifistas.
Pregonemos el pacifismo. Pacifismo cuyos
mandamientos se resumen en dos. Uno: Toda guerra es peor que la paz. Dos: Por
tanto no debes querer que ganen “los buenos” (ni los malos) porque eso supone
que quieres que siga la guerra hasta que tal hecho ocurra. Querrías que siga la
guerra.
No seas belicista o
acabarás en la ruina.
Paco Molina.
Zamora. 23 de Marzo del 2026
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