miércoles, 25 de marzo de 2026

MATEMÁTICAS SANGRIENTAS

 


                 MATEMÁTICAS    SANGRIENTAS

La mayoría de las personas que defienden a los poderosos y “van de valientes”, en el fondo no lo son; lo hacen por aquello de que “arrimarse al sol que más calienta” parece que da ventajas.

Este tipo de conducta se puede ratificar con mil ejemplos, siendo uno de ellos el del cruel bullying (el acoso escolar en el que unos sujetos atosigan y persiguen a un compañero más frágil). En estos casos, mientras el fuerte se hace el matón frente al débil, hay un coro de compañeros de la clase que se “unen” al fortachón, pero no por valentía y si por temor al bestia. Cuando si fueran valientes se pondrían al lado del atacado.

Otro ejemplo se ve en esos jóvenes que se unen a grupos de extrema derecha formados por verdaderos machotes (¿recién salidos del gimnasio?). Es decir, piensan que “quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija”. Y por ese mismo instinto están en contra de quienes proponen programas solidarios con los más desfavorecidos, con los más desafortunados.

Es esta conducta “auto-protectora” (pero equivocada) la que hace que al comienzo de una guerra haya un sector social que la celebra dando la razón al bando más fuerte y más rico. Al que (presuntamente) va a ganar.

Y ello porque ignoran algo: las guerras ya no las ganan los ejércitos mejor armados y si los más numerosos (aunque les suponga más bajas).

Recordemos los datos de la 2ª Guerra Mundial (aunque ustedes pueden investigarlos más pormenorizados por internet).

Redondeando, y tirando hacia abajo, podríamos decir que el total de muertos (entre civiles y militares) fue de 70 millones, de los cuales, quienes iniciaron la contienda (los nazis, los fascistas y los anticomunistas) sufrieron 20 millones de bajas mortales y los vencedores perdieron 50 millones de vidas. 

Es decir, contra lo que se suele creer, no siempre es cierto que quien gana una guerra sea el que ha matado más enemigos como veíamos en las películas de hazañas bélicas.

Los números cantan y como ven, indican qué aunque los que perdieron la guerra “únicamente” sufrieron la pérdida de 20 millones de habitantes  quienes la ganaron vieron morir 50 millones de los suyos (entre civiles y militares en ambos casos).

No parece lógico, pero las matemáticas indican que la cantidad de personas que defienden a uno de los bandos tiene más importancia que el sofisticado armamento del otro.

Traducido al castellano y al momento presente, estos “valientes” que apoyan la guerra en Oriente Medio (desde la grada, claro) porque piensan que la van a ganar EEUU, OTAN e Israel deben repasar las cifras de habitantes que hay por países. (1.500 millones del Primer Mundo contra 7.000 millones del resto).

Y por si aún no ven que la 3ª Guerra Mundial la perdería Occidente recuerden lo que está pasando con la de Ucrania. Al final se está imponiendo el hecho simple de que Rusia tiene más soldados que el país atacado. 

Añádanle a eso (las matemáticas siguen gritándonos ¡¡cuidado!!) que la energía subirá de precio en España y por tanto también todo lo demás. Y que aumentará el gasto militar de una manera desorbitada.

Es decir, el margen para construir escudos sociales para proteger la retaguardia (plan de la izquierda) encogería drástica y dramáticamente. Y si gobiernan las derechas, que encima proponen bajar impuestos a quienes más tienen (porque son los que les dan las paguitas) es obvio que hasta en estas tierras se sufrirían las miserias de la guerra (por no hablar de la resurrección del terrorismo de los desesperados).

Seamos pues pacifistas. Pregonemos el pacifismo. Pacifismo  cuyos mandamientos se resumen en dos. Uno: Toda guerra es peor que la paz. Dos: Por tanto no debes querer que ganen “los buenos” (ni los malos) porque eso supone que quieres que siga la guerra hasta que tal hecho ocurra. Querrías que siga la guerra.

No seas belicista o acabarás en la ruina.

Paco Molina. Zamora. 23 de Marzo del 2026

No hay comentarios:

Publicar un comentario