SEMEN DE
SOLDADO MUERTO
“Quien lleva su país a
la guerra y sabe que la va a ganar es un canalla”. “Quien lleva su país a la
guerra y sabe que la va a perder es un asesino”.
“Quien lleva su país a la guerra y no sabe si la va a ganar o perder es un
irresponsable”.
Sirva esta
introducción para todo lo que sigue, que se puede resumir en un: “sin pacifismo,
si no mueres hoy, morirás mañana”
Empecemos. Sufrir una
guerra es lo peor que le puede ocurrir a un pueblo. Es tal el dolor que producen
las guerras, la desolación que expanden y la miseria que siembran, que hasta
sus promotores (los ricos y poderosos de cada país) han establecido unas normas
de comportamiento para que así parezca que una guerra es algo soportable si se cumplen
ciertos requisitos. Por eso han definido lo que llaman “crímenes de guerra”,
como si la guerra no fuera, en sí, un crimen.
A todo eso se unen ungüentos
culturales para consolar a los heridos y parientes de los muertos, tales como
poesías o canciones del tipo “La muerte no es el final” (así que a no
preocuparse) o las medallas de todo tipo y color que exaltan el valor, el
espíritu de sacrificio y el patriotismo del difunto.
Pues bien, en esta
senda de dar consuelo espiritual para las familias de quienes han muerto defendiendo
a los ricos de la patria de turno, los israelitas “han discurrido” que también
se puede sacar semen de los soldados muertos.
En Israel esta
práctica surgió en el año 2003 y empezó estando autorizada solo a petición de
las viudas de quienes tuvieron que ir a la guerra y murieron. (Recuérdese que a
las guerras la mayoría van a la fuerza entre otras cosas porque existe la pena
de muerte contra los desertores).
Como lo de estar
siempre en guerra parece ser condición del estado israelí, para paliar el dolor
y sufrimiento por la pérdida de un ser amado es por lo que permitieron a las
esposas de los fallecidos solicitar el semen del marido muerto a fin de tener
un hijo mediante gestación subrogada.
Al principio tal
derecho no debió de ser muy usado en términos absolutos, pero ahora, ante el
genocidio de Gaza han debido de morir también bastantes militares israelitas, surgiendo
la noticia de que al menos, a petición de las esposas o los padres del difunto,
ya se ha extraído semen de 270 soldados muertos.
Lo de los padres es
porque dentro de lo que podemos calificar como una ley sorprendente se ha
producido una evolución, tal que ahora también ellos pueden pedir el semen de
su hijo muerto (para que tenga descendencia).
Esta llamativa
cuestión (la de poder sacar semen de un muerto para darle un uso que a lo mejor
no quería el difunto) es uno de los monstruos culturales (y de las situaciones
monstruosas) que generan las guerras.
Por tanto, a estas
alturas de la civilización, si consideras que estás civilizado, no basta con
que estés a favor de la paz (que todo el mundo dice quererla) también ¡hay que
ser pacifista!.
Hay que rechazar el
“si quieres la paz prepara la guerra”. Porque aunque suena muy lógico eso de
que hay que defenderse y que, por lo tanto, hay que ser más fuerte que los que
te pueden atacar; lo cierto es que
cuando ya eres el más poderoso los que mandan siempre te acaban diciendo que el
enemigo va a atacarte y que no queda otra que hacer una “guerra preventiva” (o sea
que hay que atacar primero) mutando así el “si quieres la paz prepara la
guerra” por un “sólo habrá paz si empezamos la guerra”.
Y así, de guerra en
guerra sigue la Historia y sufren los pueblos y sus gentes sencillas, por
decisión, avaricia y ansia de los poderosos, de los ricachones y de los
milmillonarios, que son insaciables. ¡Pacifismo ya!
Paco Molina.
Zamora. 21 de Septiembre del 2026
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