sábado, 21 de febrero de 2015

Historia de los Gigantes y Cabezudos de Zamora


PREGONCILLO DEL DIA

DEL DIA DE LOS NIÑOS.

EMITIDO EN RADIO ZAMORA EN EL SIGLO PASADO CON LA DISCULPA DE LAS FERIAS DE SAN PEDRO.

Después de tres días de no te menees, no podemos con el alma, y generosos que somos, decidimos dedicarle un día a los niños.

¡Hay que descansar!

Y desde ese descanso miramos a esos seres tiernos, inocentes, llenos de futuro, que suelen meternos los dedos en las orejas, descubrir lo que opinamos de la vecina, y que se pasan todo el año sin dar ni golpe.

Pero a los niños y niñas hay que tratarlos muy bien, por la sencilla razón de que les queremos mucho, y de que si no hacemos lo que ellos quieren, pueden batir, de modo oficioso, el record mundial de llanto.

Así que hoy, que los niños vean la exposición de ganado (seguro que en su inocencia bautizan a cada cuadrúpedo con el nombre de alguna de las personas que les machacaron el invierno).

Luego, en los juegos que para ellos va a haber en el parque de la Marina deja que se diviertan: los niños con las carreras de sacos, los pucheros, etc.; y las niñas (de tus ojos) con las niñas (de los ojos) de otros padres y madres que estarán por allí.

A los niños, sobre todo, hay que darles fantasía porque ante ella, o disfrutan o se duermen, soluciones ambas recomendables para su salud.

Por tanto, decidles la verdad sobre nuestros gigantes y cabezudos.

Que nuestros tres gigantes eran tres niños que, como ellos, jugaban a corsarios (y por eso uno lleva espada y otro está pintarrajeado de negro) y que estaban tan enfrascados en su ficción que no vieron que se acercaba la comitiva de los cabecillas de rancio abolengo.

Y que la fatalidad quiso que en el momento en que pasaba el cabeza de los cabecillas, que a la sazón era muy bajito y rosita, los niños cantaran: “Quisiera ser tan alta como la Luna, ay, ay, como la Luna”

Y ay, ay, ahí fue el caos, porque uno de los cabecillas que era brujo, convirtió a los niños en gigantones, para que todo el mundo se riera de ellos (entonces no había baloncesto).

Ante lo cual, en venganza, el hada de los niños convirtió a los cabecillas en cabezones o cabezudos para que nos riamos de ellos.

Pero vámonos corriendo a verlos pasar.

Vienen ya.

Paco Molina-Zamora- Años 80 del siglo XX.

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