lunes, 6 de abril de 2015

Carta de celos


Te echo de menos

Demasiado de menos.

Hoy aquí es un día lleno de vida: hay flores, hay luz, hay fiesta, hay música, hay risas, hay gentes.

Todos cantan, todos; los montes, los ríos, los árboles, las bicis, los grillos, los pájaros. Todo está sonando en una eufórica jornada.

Y tú no estás.

Chiquilla, mujer, chiquilla; tengo celos, estoy rabiando de celos.

Cuando ves a todo el mundo pletórico, cuando ves estallar el alma de la existencia, ocupando todo de colores, de bellos momentos, de tentaciones, de felicidad, si se está solo se acaba por sentir celos.

Tengo celos de ti. Ahí también habrá habido horas de exultante naturaleza, bailes sin fin, cánticos de armonía, bebidas de libertad y…tal vez alguien te haya puesto una flor en el pelo (cuando yo no he podido), o te haya rodeado la cintura en un baile (cuando yo no he podido) o te haya puesto en la mano una copa que rompió tu memoria (cuando yo no he podido).

Tengo celos.

Me siento inseguro. ¿Por qué iba a dar por definitivo y cerrado todo, si en la existencia nada es firme, si en todos los cuerpos hay tentaciones, si el resto del mundo juega continuamente a seducirnos?

Tengo miedo a perderte y dolor de que en algunos momentos tu mente se escape hacia otra persona.

Los celos me producen dolor; un dolor físico, palpable, duro.

Por favor, no me dejes nunca

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