jueves, 8 de diciembre de 2011

Menuda faena tener los órganos del placer junto a los de reproducción



Nuestros antepasados nacieron de penalti


En este plan, la especie humana tiene otra ventaja para adaptarse al medio, amén de la inteligencia; su facilidad para procrear basada en que la casualidad nos ha colocado los órganos del placer junto a los de la procreación con lo cual ésta se ha producido durante millones de años de carambola, de chamba.


La carambola consistía en que los miembros de la especie buscaban placer y tras él se encontraban con descendencia.


Añádase a esto que la especie humana no tiene periodos de celo, en el sentido de que en todo tiempo y lugar está en celo cada uno y cada una de sus integrantes.



El placer es vida


Al estar todos los días y a todas las horas en celo, y al tener
confundidos los lugares del máximo placer con los genitales de la procreación, le tocó a la Especie Humana la lotería de la subsistencia sin comerlo ni beberlo, pues fue cuestión de suerte.


En el caso de los humanos, que encima tenían crías delicadas, bastó que se dieran esas dos felices circunstancias (las ganas de gozar siempre y la carambola de tener cerca las fuentes del placer de las fuentes de la vida), bastó con esos dos aciertos en el sorteo de la naturaleza, para que nuestra especie creara tan altas probabilidades de embarazos y de subsistencia, que por eso ha perdurado .


Como vemos, en definitiva, esa lucha se gana con las mismas armas con las que ganan esa guerra las plantas. Producen el


semen y llega de carambola, de casualidad, como en una lotería,



a la planta femenina y nace la cría. 

Exactamente igual que con los inteligentes humanos. 


La única diferencia es que aquí, las azafatas que extraen las 
bolas premiadas de esta lotería, en la que hay premios a mansalva, son los irreprimibles deseos de sentir el placer que la propia Naturaleza tiene en su menú como el plato más exquisito que existe.


Por supuesto que la ductilidad para adaptarse al medio, en su sentido más estricto, también ayudó, pero eso es mérito de la


inteligencia y otros factores orgánicos.


Si será bueno, el factor adaptación al medio del Género Humano, que hasta con siglos a cuestas de represión sexual, ahí siguen nuestras sociedades, aguantando. Enfermizas pero en pie. ¡Esa sí que es capacidad de adaptación!.

Del libro LA ESTAFA  SEXUAL de Paco Molina

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