domingo, 2 de noviembre de 2014

LA SINCERIDAD DE DOS SINCEROS


LA SINCERIDAD DE DOS SINCEROS

(Escrito por Paco Molina (Martínez). A finales de los sesenta del siglo XX o comienzos de los 70. Lo encontré, y al pasarlo a ordenador me encuentro con algo pueril y naif, pero por eso mismo interesante. Sobre todo si has superado los sesenta. La de vueltas que le dimos los hijos de la postguerra al tema del sexo por culpa de una religión tarada)

En una capital de provincias, es decir, en una provincia, habían nacido hacía 23 y 22 años, Pepe y Paco no respectivamente, es decir Paco tenía 23 años y Pepe 22.

Tal vez por haber nacido antes (ello le aproximaba cronológicamente más a la pasada guerra) Paco resultó ser un vulgar materialista, pero no así Pepe, en el que tal vez en su subconsciente se habían acumulado todos los malos ratos que pasó su madre en aquel parto, entendiendo por ello ya desde muy pequeño la idea del sacrificio, la idea del amor fraterno, con lo que Pepe es un magnifico idealista.

El aspecto de ambos, en boca de chica ye-yé sería: “Madre, que tipazos!”.

A primera vista y sin conocer los nombres, ni las edades, no se distingue al materialista del idealista: los dos usan zapatos, los dos pantalones, los dos camisas seidenstiker, los dos prefieren la langosta a la lechuga, a los dos les gusta el baile, a los dos les gustan las chicas, y es más, los dos coinciden en que Ann Margret “está” de rechupete y bien merecería un sacrificio económico si fuera dependienta en “Las Palmeras” (nombre típico de malos rincones, inexplicablemente porque como sabemos la palmera es planta hermafrodita, aunque tal vez sea para no tomar ejemplo).

Los dos, Paco y Pepe, están bautizados, han ganado todas las indulgencias, y si utilizan la bula es por no hacer un desprecio a privilegio tan elogiable que disfruta nuestra patria.

Todo esto no quiere decir más que: Paco es materialista, pero no extremo, y Pepe idealista, pero moderadillo.

Todo ello en todo el campo que no concierna al amor, el amor de un chico por una cica, ya que en sus respectivos casos: Paco quiere a Raquel a su modo, y Pepe quiere a Virginia a su modo.

Ah! ¿Qué cuáles son esos modos? De eso vamos a tratar, porque del hecho de que a Paco le gusten más el cine y los toros, que la música y los deportes, que es lo que le gusta a Pepe, sin despreciar nada de lo otro, y viceversa respecto a Paco, ya se ocupará alguien más osado.

Paco, que es un materialista, naturalmente conoció a Raquel en un baile en el casino de su capital de provincia. Y Pepe, el idealista, conoció a Virginia en el Club Náutico naturalmente, y naturalmente en traje de baño.

Como vemos, ni el materialista se pasa la vida en el cabaret, ni el idealista en plena meditación.

Ver a Raquel con aquel traje con volantitos por debajo, con bolero de malla de punto por arriba, y con una cara estupenda más arriba aún, le hizo pensar a Paco que allí estaba la felicidad

El traje de baño de Virginia parecía comprado al salir de una larga enfermedad, por  culpa de la cual no has podido ir a misa en los comienzos del verano, y no has oído al párroco que conoce a papá lo de: “Hijas mías, no les hagáis pecar, que ya bastante imperfectos son los hombres por si solos” (Nota: Obsérvese con que habilidad, el cura, larga el mochuelo: “no les”). Y sin embargo, te has visto los Marie-Claire y conoces el “dernier cri”.

Visto esto Pepe piensa; “Qué chica más encantadora”, y se la imagina besando a su madre, que llora de emoción. el día de la boda: La señorita Virginia es ya señora: su señora, la madre de sus hijos, ¡que dicha!

Raquel y Paco hace un año que son novios.

Virginia y Pepe, tres, y, hablemos un poco de ellos: Se quieren como no puede haber amor más fuerte: tienen la dicha de vivir en el mismo sitio, y por eso, si ya por el hecho de verse felices, cuando juntos de la mano van al cine, o a la biblioteca, o a bailar, o a bañarse, o de excursión, o a la facultad, encima son tan rabiosamente felices que no les preocupa ningún problema. El mundo no es de ellos, gracias a Dios, y por eso se despreocupan de él..

Cuando van a comulgar, al regresar y arrodillarse para pedir, o dar gracias, a Dios, según se tercie, en vez de taparse la cara, cruzan los brazos de tal forma  que la mano izquierda de él tome en las suyas la diestra de ella; y así, mientras él piensa: “Gracia buen Dios, por darme lo que no merezco, por darme tanta felicidad junta, cuando soy un pecador (ahora se refiere a actos deshonestos de su adolescencia, cuando al empezar a arrastrar por la vida el cuerpo traidor, el alma no puede con la inercia de la miseria y comete algún pecado odioso).

Y ella piensa: “Cómo le quiero!, tanto, fíjate Jesús, que si no fuera pecado diría que le quiero tanto como a ti”.

Y mientras estas cosas piensan, suavemente, pero muy suavemente, como las gaviotas volando sobre el agua, sus manos se acarician.

Darían la vida por su amor.

“Paco, Paco, Paco, qué me estás haciendo”, diría su director espiritual de hace 9 años, si no fuera porque ahora vive en Barcelona de auxiliar del Obispo, y sus innumerables ocupaciones no le permiten volver a aquella incómoda capital de provincia, aunque también lugar precioso porque allí hay almas, allí hay amor.

Buen amor, y esto otro de Paco, que vamos a contar.

Resulta que Paco, a pesar de ser un año mayor estudia el mismo curso que Pepe, aunque en distinta carrera; Pepe 5º de Medicina, y Paco 5º de Ingeniería Naval.

En algo se tenía que notar el materialismo y el idealismo.

Paco perdió un año. Claro que fue en iniciación, y nadie más que él sabe que la causa es: no los problemas de matemáticas que sólo hicieron 2 de 183 en la primera convocatoria. Sino, los problemas de la vida a la que le dio por buscarle solución. Bueno pero eso ya pasó y he aquí las conclusiones que obtuvo.

Alma?? Pssss. Cuerpo con intelecto está más claro.

Dios??. “Necesidad “ para la vida, es decir, la religión la considera la “política” de o sobre los espíritus, y así como en la política de los pueblos no se puede decir que la república es mejor que la dictadura o la monarquía, etc; así, decir que el catolicismo, del protestantismo, difiere porque el catolicismo es la verdad, esta es única, y por lo tanto, sintiéndolo mucho los demás están equivocados, esto para Paco es una bobada, aunque no exenta de una necesidad para el vulgo.

Antes de seguir diremos que Raquel, cuando comulga -sola-, pues Paco ya va poco (aunque eso a ella no le importa, le quiere y es feliz) . Pues bien Raquel, después de comulgar piensa: “Cómo le quiero; tanto, fíjate Jesús, que si no fuera pecado diría que le quiero tanto como a ti”. Y mientras esto piensa, su mano aprieta el libro de misa: está nerviosa pues Paco, que está en su último campamento, le ha escrito una carta entre salvaje! bonita!, amorosa!.

En realidad no sabe, le parece algo exagerado pero en el fondo le quiere, pero en el fondo aquella carta le gusta, le gusta aquel comienzo:

“Soñaba despierto, y así soñaba como en los sueños, con un deseo, el de soñar más, el de soñar lo que estaba soñando”.

Y cuando le recordaba!!!... Aquel guateque en casa de Carmina, tú y yo en el sofá, mi brazo sobre tus hombros, en la habitación de al lado están todos, pero eso no impide que te bese, te bese, te bese, es decir, te quiera, te quiera, te quiera. Y el día de aquella excursión en un reciente permiso de él en aquel monte que llamaban  “Montebesos” los milicianos..”Ya era de noche, no hay luz de Sol, no hay luz de Luna, sólo se ve porque queremos ver, queremos vernos y nos vemos; pero eso no basta, queremos sentirnos y nos sentimos: nos abrazamos, te beso, me besas, más, más, más…pero no basta, yo te amo, nos amamos, y llegamos a la frontera de sexolandia (ciudad maldita, sólo visitable legalmente con el pasaporte del sacramente).

Y ver las luces de esa ciudad te hace llorar, es muy pronto, o mejor, no estamos casados. Lo importante es casarse. Qué importa que ames o no, para poder practicar legalmente un bien humano. Hay que recibir un Sacramento. NECIOS!.

Raquel, ya camino de su casa, recuerda con miedo aquellos párrafos que la convencían pero la dejaban helada al pensar en lo que pretendían, y así, con un miedo fantástico y en el fondo, con placer de vanidad, siguió recordando aquellos otros párrafos en que Paco tributaba un sacrificio a la Diosa Sinceridad arriesgando mucho, pues no sabía cuál sería la reacción de ella, de su super queridísima Raquel.

Aquellos párrafos decían:

“También soñé con aquella playita entre las rocas; cuando llegamos en aquella tarde - un poco noche- del verano pasado, los dos nos tumbamos por la arena, y ahora recuerdo aquello: tu cuerpo junto al mío, qué tremendo suena esto, pero viéndolo o mucho mejor, viviéndolo, qué bonito, qué bello, un cuerpo y otro cuerpo, un alma y otra alma; la suma perfección la tienen los espíritus, pero sus medios de comunicación no dejan de ser los normales (las para mi, Raquel, también perfecciones) los del cuerpo o mejor, los de los sentidos del cuerpo: oído, vista, olfato, voz y tacto; y sabes Raquel, creo que sabiéndolo o no, cuando te beso, cuando te acaricio, soy feliz, debido a que de estos sentidos estoy utilizando el tacto, el sentido del amor por excelencia, y ello porque creo que sólo el tacto puede comunicar el amor de un espíritu a otro; en un principio porque los otros cuatro sentidos los utilizas tanto con el que odias, como el que te es indiferente, o con el que envidias.

Sólo el tacto está “virgen” esperando otro tacto, otro cuerpo que por orden del espíritu amado también busque tu tacto; y esto razonando desde una inteligencia, que desde el punto de vista de que somos animales, el tacto tiene tanta importancia como la vista, y sin embargo se emplea para amar más que aquella, o acaso no hay ciegos casados?”

Corriendo, Raquel subió las escaleras y no hizo caso a Engracia, que le preguntaba cuántos churros quería (por lo de guardar la línea); y corriendo entró en la habitación. Por suerte no estaba su hermana, fue a su cajoncito y continuó leyendo desde el último párrafo que acaba de recordar; sabia que lo que venía era mejor leerlo no fuera a estropear algo con su imaginación; tubo un temblorcillo de escalofrío y…

“Tu cuerpo y mi cuerpo estuvieron juntos, abrazados: mi cuerpo quiso reposar en tu cuerpo, y tu cuerpo quiso reposar en el mío. Pero querer no fue poder. Una vez más fuimos egoístas, pensamos en el futuro, pensamos en la sociedad, pensamos en las familias que tanto nos quieren, pero nunca comprenderían que nos amásemos en todo, en TODO. Y así mi cabeza reposó en tu vientre, que no conocía pero que amaba, deseaba, NECESITABA.

Tu ropa y mi ropa IMPIDIERON lo sublime de lo sublime. Yo no pude sentir tu piel, tus músculos, tu carne. No pude sentir cómo tu vientre se estremecía como se estremece uno al oír una melodía, al leer un buen libro, o al admirar una gran pintura. Tampoco pude estremecerme, y lo espero con toda mi alma, pues el amor nos permite sentir todas esas cosas que en apariencia sólo están reservadas para unos pocos, por eso me gusta el amor, por eso amo. Y tampoco, siendo dichoso, tuve la dicha de ver tus senos hundirse y saltar, con la similitud que en ello hay al nerviosismo de la alegría de los niños (los preferidos de los hombres, los preferidos de Cristo) cuando están contentos, cuando son FELICES.

Tampoco pudiste sentir mis manos recorrer toda tu carne. Intranquilas, contentas, como buscando un tesoro, si, como el que en un pequeño terreno sabe que hay un tesoro, y como si le faltase tiempo, pica aquí y allá, sin dejar un solo palmo. De esa manera, mis manos, ignorantes pero con instintos, buscarían aquel sitio -como si lo hubiera- en el que estuviera concentrado todo tu amor por mí, para sacarlo de allí y entregármelo: pero las pobres y enriquecidas manos, siempre estarán buscando, aunque no para ellas, sino para su amo, y ese amo es el amor que te tengo Raquel”.

Raquel casi sentía ya todo el nerviosismo de aquel amor tan, tan SINCERO; y siguió leyendo, y como sabía lo que iba a leer se puso algo colorada.

“Y por lo mismo que yo no pude sentir esas cosas, esas maravillas, por lo mismo, tú no pudiste verme entero, desnudo, como un gladiador. Un gladiador que combate, en vez de con tridente y red, con tacto y amor. El amor para hacerte caer cual la red, y el tacto para matarte.

Pero acaso es malo morir en este mundo tan egoísta, tan mezquino, tan mentiroso. Acaso esos momentos en que estamos como muertos, apartados de todo por una cosa tan “dudosa” como EL ACTO SEXUAL ¿no son lo más bellos de todo lo que hay y habrá sobre el mundo?”.

Ahora Raquel estaba como un tomate, temiendo que alguien la sorprendiera con esas cosas. Pero ya estaba admirando de nuevo a Paco y su sinceridad, porque Paco, intuyendo lo que ella iba a pensar, prosiguió:

“Ah! Te preguntarás ¿Entonces, con tal de realizar ese acto, ya se es feliz con toda la felicidad del amor? ¿Entonces, por qué no vas con cualquier otra?

Pues Raquel, yo no voy con cualquier otra porque, AMOR-amor (eso que también encierra el acto sexual) lo siento por ti.

Y fíjate la de matices que adquiere ese acto sexual según sea la red del gladiador. En unos casos es el amor. Pero fíjate que existen otras redes, es decir otros motivos para tener a tu merced a una mujer, y estos son por ejemplo, el dinero, la posición social, el sacramente, etc.

Aunque siempre con lo que se mata (transporta a otro mundo, por tanto mejor) es el tacto. Y la supremacía del verdadero gran amor sobre las demás variedades de “redes”
está en que esa muerte es temporal, y al volver a la realidad, si te hice caer con la red del amor, te seguiré amando; mientras que las demás redes se pueden romper en la “pelea”, porque el dinero, la posición social o el sacramento, no pueden resistir el resplandor de un acto sexual, y pronto se rompen, y sólo el AMOR permite pasar por el acto sexual y seguir amando, es decir, permite sentir placer, antes del acto, y lo fabuloso, después del acto.”

Raquel comprendió a Paco, pero más que por la serie de razonamientos que más o menos convencerían a un matemático, le comprendió porque ella le amaba. No sabía qué era amor, pero le amaba          .

Era, eso, maravilloso, eso…¿Tendría razón Paco con aquello del acto?.

No tuvo que romperse la cabeza; acabada la carrera, Raquel y Paco se casaron, y con su felicidad, que fue enorme, comprendió que estaba basada en que el hombre es más que un animal racional, es un animal que AMA. Y los animales, cuando aman, aman con los cuerpos.

Mas ¿qué es de Virginia y Pepe?. Pues veamos lo que pasó.

En uno de sus permisos, Pepe, el idealista, que sabía que no había que privar a la verdad de su derecho, y que él, a pesar de que sabía que el cuerpo es la tara del alma, el alma es lo maravilloso que nos permite amar y que por tanto el cuerpo perjudica el verdadero AMOR, también sabía que el apetito de su cuerpo no debía ser saciado por otro cuerpo que el de aquella que daría cualquier cosa por él, razonó aquellas ganas que tenía de casarse así. Y así se lo dijo a Virginia:

“Mira Virginia, este año termino la carrera, pero te quiero tanto, es tal mi amor,  que deseo casarme enseguida. Pero claro, a lo mejor tú piensas ( no reparó en que las mujeres no piensan, sienten) que total  si hemos esperado 3 años, y siempre nuestro amor ha sido lo más grande que hay sobre la tierra, también podíamos esperar a que me especializase, pero no puedo mas y quiero vivir la vida de matrimonio, precisamente porque te amo tanto, y creo que por ser una parte de mi “animal”, debe de vez en cuando aparearse con una hembra de su especie, y aunque se que esto rebajará nuestro amor, no quiero otro camino que el que me lleva a ti, para vivir mi existencia irracional pues no soportaría a otra que no fueras tú”.

Virginia, sin pensar en si aquello “venía a cuento” mostró satisfacción ya que le amaba, y aunque no sabía lo que era “amor” exactamente, buscaba ella el matrimonio, pues si todos los que se aman se casan, eso, el matrimonio, debía de ser el albergue de la sexta felicidad.

Así que Virginia y Pepe se han casado, y en cuanto se han acostumbrado a cargar y soportar el peso que les supone todas las imperfecciones del cuerpo (como si este lo hubiera creado el diablo) han sido enormemente felices.

Ahora, entre Paco y Pepe, todo es común en amor.

En realidad, ambos, cada uno con sus ideas, cuando más ganas tienen de decir “te amo”, es en las “noches de miel”, y cuando más ganas tienen de decir “qué felicidad”, es cuando contemplan la familia, el hogar, sus hijos.

Entonces sí que coinciden, en decir, lo único importante es mi esposa, porque los dos, cada uno por lo que sea, las necesitan, y cada vez más, pues las circunstancias van aumentando y van uniendo.

Y si estas circunstancias son los hijos…..algo así como jugar a ser Dios, creando hijos a “la limón”, la de Dios.

EPÍLOGO

Cuando murió Paco, como no creía en ningún lugar de reunión no fue a ninguno, y Raquel lo veía en todas partes; pero sobre todo en su propio cuerpo. Raquel tenia impreso a Paco hasta lo más profundo de su ser.

Cuando murió Pepe, como creía en Dios, fue al Cielo, pues eso pensaba Virginia que sabía qué bueno era, y cómo la amaba sobre las demás cosas.

Y es que después de muertos, estamos donde quieren que estemos los que nos  AMAN.

Paco Molina

No hay comentarios:

Publicar un comentario