EL
ORO Y EL MORO
Todas las guerras
son “justas”, y por lo tanto, para ver si merecen o no la pena, el criterio que
hay que aplicar es contestarse: ¿Es bueno que haya guerra? ¿La muerte es algo
positivo? ¿El dolor y el sacrificio de unos pocos debe ser antepuestos a algo? ¿No
se decía que primero era la persona y luego la sociedad? ¿Acaso en las guerras
no se desprecia al individuo para que “mejore” la sociedad?
Todas las guerras
son justas, para cada bando.
¿Alguien cree que
los iraquíes combaten convencidos de que son malas gentes?
Todas las guerras
son justas y por tanto despreciables.
Es tan bestia matar
sistemáticamente que solo se puede hacer por odio (procedente de una enajenación)
o por causa “justa”.
Ningún gobernante convencería a ni uno de sus
súbditos de que matara, si no fuera porque le miente y le hace creer que
defiende (con su sangre y su degradación moral) una causa justa.
¿Acaso duda alguien
de que también los malvados de ETA se creen combatiendo por una causa justa
(liberación del pueblo vasco)?
En esta guerra se
está luchando por ORO (oro negro, el petróleo) por uno y otro bando. Occidente
dice que defiende el orden internacional (una miseria de orden) y la dignidad
de los kuwaities.
Sadam afirma que
tiene razones históricas y morales para reconquistar su provincia.
Son las mentiras que
transforman la guerra-sangrienta en guerra-justa; tapando así la miseria, el
dolor y la muerte que acompañarán, tanto en la victoria como en la derrota, a
tantos seres humanos.
Pero es una guerra
por oro, por dinero, como la de Al Capone, como las de la Mafia, como han sido
todas las guerras; luego, los españoles, al estar atacando a Irak, no somos
aliados; SOMOS CÓMPLICES del gánster principal (el Padrino), de EE.UU.
Y somos cómplices,
aunque no nos manchemos las manos con nuestra propia sangre, por estar en la
retaguardia. Somos cómplices y por lo tanto culpables, como lo es quien en un
atentado asume el papel “menor” de estudiar las costumbres de la víctima,
aunque luego no dispare el tiro miserable.
Estamos en la
guerra, aunque lo hagamos en retaguardia, ¿o es que el cocinero de un ejército
no está en la guerra porque no se le ve en primera línea?
Somos participes de
esta matanza por dinero y por tanto cómplices.
La misión de España,
estando donde está, (por no hablar de la cesión de su suelo, su cielo y su mar,
para base de guerra), fue legitimar, ante la opinión pública mundial lo que
hiciera el gánster-jefe EE.UU.; estando ahí, el que manda vio protegida su
osadía.
Durante el embargo esa
era la misión y ahora, con guerra y cuando el embargo ya no existe como tal,
pues fracaso en su fin (la devolución de Kuwait), seguimos ahí, ¡EN GUERRA!
Y el Parlamento,
rodeado de derechas por todas partes menos por una, llamada pacifismo,
justifica y apoya al Gobierno en el asombroso razonamiento de que es preferible
ser cómplice que quedarse aislados.
Para no quedarse
aislados, para no verse distintos y supuestamente solos o no valientes, es por
lo que muchos jóvenes empiezan a tomar drogas.
Lo hacen los de la
pandilla y hay que integrarse (en la destrucción).
Así reaccionan las
personas de carácter débil y los gobiernos de débil mente, las personas y los
gobiernos cobardes.
Que la comunidad de
los países ricos quieran darle una lección de muerte a uno pobre, que rompió lo
previsto, allá ellos, pero España, que no sea cómplice de ninguna guerra; no
manchen nuestra bandera de sangre señores del Gobierno, que aunque mora, es
sangre de niños, de niñas, de mujeres y hombres que encima, no se llaman Sadam.
FRANCISCO
MOLINA. El Correo de Zamora. Hacia 1990. Imperecedero
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