miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Qué derecho tiene el banquero a vivir infinitamente mejor que tú?



TODOS


SOMOS IGUALES

“Si ver cuerpos desnudos es malo ¡que digan por qué!”



Todo el mundo tiene claro que los animales son iguales. Son iguales entre sí y


son, más claramente iguales, los de la misma especie o clase.

Ni siquiera en situaciones pintorescas, como la de una colmena, se le ocurre a

nadie considerar que la abeja reina es superior a las obreras o a los zánganos, y que por

eso es, o debe ser,

la reina. Ni aún aceptando eso se le ocurre, a persona tan ocurrente,


que la superioridad de la reina y las ventajas que acarrea el cargo, se deban a que se


trata de un individuo superior de la colectividad, y mucho menos se le pasa por la

cabeza que hubiera que hacer oposiciones, entre todas las abejas, para seleccionar a la

mejor (disparate que no se arreglaría ni aunque se pusiera,

como traba ética, para


considerar a un ser superior a otro, el que entre los aspirantes al cargo hubiera habido


«igualdad de oportunidades»).



Ni en la colmena, ni en otros colectivos de animales ve nadie otra cosa que seres


iguales. Por más que la ciencia todavía

mire con los cristales de la voz de su amo y trate


de describir el mundo animal bajo el prisma de la sociedad de clases-machista.


Mas ¿cuál es la razón por la que vemos a todos los animales como iguales? El

que apreciamos que todos hacen lo mismo: Alimentarse. Defenderse (atacando o huyendo).

Cobijarse. Aprender cuatro cuestiones para subsistir. Y dejarse llevar por el

placer cuando están en celo. (Reproduciéndose si se tercia, pero sin saber si lo han

conseguido, e importándoles un bledo el haberlo logrado o no).

¿Y qué les obliga a todos a hacer lo mismo? El que tienen los mismos instintos

básicos, las mismas necesidades ineludibles: El deseo de supervivencia y el deseo de

placer. Lo que, abreviando, podríamos llamar instinto de “

super-placer”, síntesis de


"super"-vivencia y placer.


No hay otro motivo para que los veamos a

todos iguales, e incluso cuando de


alguno (animales de compañía o domésticos) hacemos diferencia, y nos encariñamos


con él y sufrimos y vivimos por él, no pasa por cabeza alguna considerar que se ha

dado con un ejemplar que, ese sí, es

diferente de todos los animales, de todas las
especies e incluso de su propia especie.

Del libro LA ESTAFA SEXUAL de Paco Molina

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