sábado, 10 de septiembre de 2016

Problemas falsos convertidos en reales


Problemas falsos convertidos en reales.

Porque claro (y vámonos a los casos extremos) supongamos un caso de eyaculación precoz. 

Lo que entre los vulgares mortales sería sólo el caso de alguien que se corre mucho antes que la mujer, resulta que en la medicina oficial, como eso sería decir que casi todo el mundo es imperfecto, la definen como aquel caso del varón que eyacula casi antes de penetrar.

Sea lo que ellos digan, pero ¿qué problema tendría cualquier hombre si no tuviera la obligación de aguantar hasta dar placer mediante coito a su pareja? 

Absolutamente ninguno. Iría a lo suyo y, acabara antes o después, ya decidiría luego si se quedaba contemplando la fiesta de otros, que sería también la suya si quisiera. (¿No son  el ver y el mirar  un placer en sí?).

Por la misma regla de tres, qué problema tendría, en esa sociedad que ya existió, alguien que la tiene demasiado grande y que hace daño, o su contrario que por tenerla corta se corta. 

Ninguno. Cada uno iría a lo suyo y la mujer encantada de “haberlos conocido”.

Saltemos al caso de la mujer-tortuga (la que no alcanza el orgasmo al tiempo que el macho medio). 

Resulta que, lo mismo que el presunto eyaculador-precoz, se siente imperfecta (y lo es, como todos, para vivir sólo en pareja) cuando sin embargo ella, de ser libre, simplemente, permanecería en la fiesta sexual más tiempo del habitual, hasta que el número de hombres que la hicieran el amor fuera el suficiente como para llevarla al orgasmo. 

Que alcanzaría sin pegas, no sólo por número de amantes por sesión, sino por el carácter  libidinoso y orgiástico que, por sus características, tendría el encuentro. 

Porque ya me dirán ustedes qué papelón, tener que recibir todo el placer de un sólo hombre, que encima siempre sea el mismo, cada vez esté más visto y  día a día menos valorado.

He aquí dos traumas absurdos. 

La velocidad del hombre y la lentitud de la mujer. Cuando ambos, para la búsqueda de placer sexual, no tendrían ningún problema si fueran libres. 

E incluso, para los fans de la propagación de la especie, son ideales, pues gracias a sus defectos serían magníficos repartidores de esperma los machos y estupendas recogedoras del mismo ellas, con lo que las posibilidades de que toque la lotería del embarazo aumentarían.

(¡Para ponerles una medalla según las tontas normas en pro de la reproducción del Régimen!)


Del libro LA ESTAFA SEXUAL de Paco Molina, que busca editorial desesperadamente.

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