lunes, 5 de septiembre de 2016

Razonar con valentía.


Razonar con valentía.

Tal vez el mandamiento más pernicioso del pensamiento único es ese por el cual nos hacen creer que ya está todo pensado; que si llegas a una conclusión rara debes desterrarla porque seguro que es absurda.

Que pretende que sólo se puede discurrir sobre lo ya aceptado como válido (para mejorarlo), pero dando por hecho que lo mejor ya habita entre nosotros.

Busca también este libro quitar el miedo a razonar. Porque el problema no es que no se sea inteligente, el problema es que no se es valiente para usar la inteligencia

Miedo que se produce por ese complejo de inferioridad al que llevan tantísimos estudios ya hechos, y hechos por quienes nos los han presentado como inmensos e insuperables genios del saber.

Miedo que también surge cuando tú, indigno humano (cuánto trabaja, en ese sentido, el complejo de culpa que crea la represión sexual) llegas a una conclusión que no casa con el sentir mayoritario. Entonces la ocultas, la desechas y te comentas, “qué tonterías pienso”.

La consecuencia es que ni siquiera los que tienen acreditado el titulo de intelectuales o filósofos o sabios, se atreven a alzar  la voz contra el Poder, a sacar las cosas de quicio, no sea que por estropear el quicio de esa puerta que comunica con la fama  les quiten ésta.

Es curioso que en este proceder esté actuando uno de nuestros dos instintos básicos, en este caso el de conservación.

En efecto, cualquiera intuye que si se desmarca del grupo (social, patriótico, afectivo, partidario,...) puede quedar aislado, y por lo tanto inerte ante amenazas externas, sean éstas físicas o psíquicas.

Aquí se apuesta por razonar hasta las últimas consecuencias, y que sea la realidad la que confirme o destruya nuestra teoría,  pero no que la aborte nuestro propio miedo.


Del libro LA ESTAFA SEXUAL, de Paco Molina, que busca editorial desesperadamente.

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