martes, 14 de julio de 2015

Hablando de celos


 LOS UNIVERSALES CELOS.

CELOS EN ZAMORA

Lo mismo que madame CurÍe descubrió la radioactividad por un descuido, yo descubrí los efectos de los celos sin querer .

Y esto se dice, porque procede hablar del tema, amén de porque es eterno, porque estos días en Zamora se inaugura un piso para refugiadas de la violencia doméstica (mujeres maltratadas), también porque al comienzo del verano hubo por aquí un crimen de esta guisa, y además porque Hillary Clinton nos contó en un artículo publicado en LA OPNION-EL CORREO DE ZAMORA que en su país la media de asesinatos era de 4 al día, lo que unido a los más de uno por semana de España, convierten la cuestión en digna de atención.

El análisis de las cifras indica que estamos ante un problema más grave que el terrorismo, en el que la muerte es sólo la punta del iceberg. Y esta mención al terrorismo no es banal, porque curiosamente se trata en ambos casos de un problema de separatismo, sólo que en el terrorismo mata quien se quiere separar y en la violencia doméstica quien no quiere la separación.

Las muertes que genera la violencia entre cuatro paredes tiene su génesis en los celos, así que procede mostrar qué se sabe de ellos, aunque la lección se haya aprendido sin querer.

Los celos duelen a rabiar (se pone uno rabioso) y por igual a hombre y mujer. Se cuecen en la olla a presión del cráneo, tengan base real o ficticia. 

Y desembocan en violencia, sea esta soterrada o diplomática o destructiva. 

En el caso del macho, el odio que se genera se proyecta fundamentalmente contra el otro (quien te pisó o crees te pisó, el amor eterno que te habían prometido).

Ese odio no tiene otro combustible que la competitividad, por lo que en una sociedad tan competitiva se multiplica respecto a otras. (Con lo que yo invierto o he invertido en esta relación y llega un imbécil del tres al cuarto y en un plis-plás se la ventila).

 Estamos hablando del caso que genera los asesinatos. Hombre piensa que otro hombre se lleva de calle a su chica. En esta situación, el hombre-engañado (por ella o por su propia mente), respecto a su mujer intuye la verdad, que el culpable es el otro y que ella fue débil.

Debilidad que es inherente a la condición humana pues no en vano las leyes, en cuestión de sexo, de eso se trata, son leyes contra natura.

Pero entonces. si el malo es el otro y ella no ¿por qué se le mata a ella y no al rival?.

La respuesta es dramática: por cobardía y machismo.

Por cobardía, porque si vas contra el otro, puede que seas tú el que acabe encima de cornudo apaleado, simplemente porque el malo sea más fuerte.

Corrobora esto el que las excepciones, cuando el ofendido mata a los dos, suelen ser que usa en su vida normal armas de fuego y eso le da certeza de ser más fuerte.

Y también se mata por machismo, es decir por cultura machista. Esta cultureta dice que la culpable es la mujer, cuando de sobra sabe el hombre de dónde viene eso de quien la sigue la consigue, que es máxima extraída de la disposición de la naturaleza a que sus hembras estén suficientemente compensadas antes de los dolores del parto. Si el hombre no cerca, ella no cae.

Hay que desechar el que se ataque a la mujer porque si vas contra el otro, vete tú a saber cuántas peleas vas a tener en la vida, o porque si matas al otro y vas a la cárcel ella queda libre.

Estos son razonamientos demasiado sofisticados para la cabeza de un hombre. Se vuelve uno contra el débil de los dos amantes, la mujer, para no correr riesgos ante el otro (cobardía) y para no correr riesgos en la cárcel, donde los otros hombres te pueden enseñar (machismo) a no ir contra los de la misma clase, machos, porque de sobra sabemos que no se toleran los cuernos que te ponen, pero sí y muy bien los que se ponen.

Meter un policía en la cama, como sugieren los políticos clásicos. no es solución, salvo que no se trate de una metáfora. Hay que cambiarlo todo. Si fuera fácil hacer y deshacer parejas, tríos, cuartetas y orgías, mejor para tíos y para tías.

Mientras tanto, como es inevitable esto de morir de celos y se odia, nada de violencia, y a recordar el dicho de que en el pecado está la penitencia. Deja a la nueva parejita que se consolide, que ahí está su destrucción y tu venganza. Ya se la pegara ella a él o él a ella, y si no, peor para ellos. ¿o no?.

Paco Molina. Zamora. Publicado en la Opinión de Zamora. Finales del siglo XX

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