martes, 14 de julio de 2015

VICTIMISMO ZAMORANO


 VICTIMISMO ZAMORANO

A una amiga que estudia Biología le he sugerido que haga una tesis sobre la influencia en la vida de cada especie animal, de su mecanismo de defensa contra otras especies.

La idea es la siguiente, ya que el mecanismo de defensa de la  tortuga es el caparazón, esto ha hecho que la tortuga sea lenta al caminar. Ya que el mecanismo de defensa del elefante son los largos y pesados colmillos esto ha hecho que camine cabizbajo y que su nariz sea larga para poderla acercar a lo que huele.

Y llegados aquí, resultaría que el mecanismo de defensa de los humanos, que es la inteligencia (lo que algunos llaman alma), es desde luego un mecanismo de probada eficacia, pero ha desembocado, como consecuencia,  en una organización social que produce que 5.000 millones de personas estén en la miseria material y los mil millones restantes, en la insatisfacción permanente.

Es decir la influencia de nuestro mecanismo de defensa nos ha llevado a ser el animal más poderoso de la tierra pero también el más desgraciado.

Establecido lo anterior y siguiendo el orden del razonamiento, tendremos que los diversos colectivos también generaron sus mecanismo de defensa, y así tenemos noticias de la agresividad de los hunos, de la valentía de los vikingos y de la hospitalidad de los esquimales.

Puestos en situación, hay que convenir en que los que por aquí vivimos somos un colectivo específico. Un colectivo con una serie de avatares (su historia) que han ido configurando nuestro modo de ser.

Entre esos avatares, tal vez el más determinante es que esta zona zamorana fue frontera entre distintos imperios y encima en todas las épocas, y como consecuencia de ese lugar fronterizo que se ocupaba, tan pronto ondeaba aquí la bandera de los vacceos como la de los romanos, de los moros como de los cristianos, de los urraquistas como de los sanchistas, de españoles como de portugueses, de comuneros como de imperiales, de afrancesados napoleónicos como de realistas, de rojos como de nacionales, y seguro que algo se olvida.

Esto desarrolló, por fuerza, un mecanismo de defensa colectivo que es la excesiva prudencia. A ver quién era el guapo (y menos la guapa) que se afeitaba cantando "La Internacional" cuando a lo peor esa noche habían ganado en una hora Zamora los del "Cara al Sol".

Este mecanismo zamorano de defensa se estudia mejor observando a nuestros intelectuales más conspicuos. Se recomienda este método porque al ser el intelectual más inteligente tiene más desarrollado lo que en el pueblo es algo que está más escondido.

Pues bien, es evidente que en Zamora existe el mecanismo de defensa que hemos llamado "de excesiva prudencia", dado que nuestros intelectuales lo hacen evidente en ellos mismos cuando se autoproclaman, todos, independientes y al margen de cualquier pendencia.

Excesivamente prudentes como somos, vemos que ese mecanismo de defensa ha influido en nosotros, haciéndonos apáticos (no te muevas que es peor).

Pero como, moviéndose o no, los problemas existen, hay que luchar contra ellos. Y los sujetos pasivos ya se sabe cómo se defienden, ¡con lágrimas!, lágrimas que piden auxilio.

Bien saben esto, sin saberlo, mujeres y niños. Es decir la apatía sólo reacciona contra la agresión con el lamento, y esa es la razón de que demos una imagen de victimismo. Victimismo que encima nos reprochan los que mandan, los que gobiernan, lo hizo el PSOE y lo hace el PP.

Nos reprochan nuestro victimismo, como ese marido que tras sacudir a su mujer le riñe porque se pone a llorar y encima le amenaza, "si sigues llorando te vuelvo a sacudir".

Somos victimistas. Sí, ¿y qué? No nos avergoncemos, y lloremos hasta berrear, berreemos hasta gritar. gritemos hasta la pataleta,  pataleemos hasta movernos y movámonos hasta levantarnos, que ya veremos luego quiénes son los victimistas.

Paco Molina. Publicado en La Opinión de Zamora, en la década de los 90 del Siglo XX

No hay comentarios:

Publicar un comentario