miércoles, 11 de noviembre de 2015

UN RESPETO A LOS EMPRESARIOS

                        UN    RESPETO    A   LOS   EMPRESARIOS

Para lo que vamos a comentar es necesario encontrar una definición adecuada de lo que es un empresario.

            Tal vez podríamos decir que un empresario es aquella persona que arriesga su dinero para ganar dinero, en contraposición con el trabajador, que es quien, como no tiene dinero que arriesgar, se limita a jugarse la salud para lo mismo, para ganar dinero.

            Esto del dinero no es un vicio. Es que, o tienes o no vives (bien).

            Volvamos sobre la definición de empresario: Como vemos, consta de dos partes o condiciones. Una consiste en tener dinero. La otra en invertirlo para multiplicarlo. Es decir, no todo aquel que tiene pasta es empresario si no lleva a cabo el segundo paso para serlo, que es invertirla.

            Establecido lo anterior  podremos ahora analizar un fenómeno que crece sin cesar. 

La primera vez que tuve noticias de él fue cundo se lo oí a un sindicalista zamorano. Dijo algo así como que para sacar a nuestra tierra adelante los empresarios debían arriesgar más. 

Pensé que un lapsus lo tiene cualquiera. Hasta que volví a oír el dislate en boca de más sindicalistas y de mas sindicatos, y desde todas las provincias, autonomías y nacionalidades históricas. Y eso cuando no, por boca de agentes sociales españoles de pelo en pecho (y en moqueta).

            Tras unas noches sin poder conciliar el sueño la rutina salvó mi salud. 

Hasta que el meteorito de nuestra política regional y local, el amigo González Valvé acuño la célebre frase “Anímese Sr. García”. 

Frase que, dado que él no es médico, podríamos traducir por una invitación a que los empresarios se decidan a tirar del carro (¿cómo burros?) de la economía de la tierra.

            De nuevo volvió a asaltarme la taquicardia durante una temporada, hasta que otra vez el paso del tiempo devolvió mi cuerpo al ritmo habitual, el aburrimiento (un intelectual como yo ni siquiera puede disfrutar de la  tele-basura). Mas eso es normal y bueno. Nada de sobresaltos.
            
Pero ahora han sido, todos los jerifaltes de la Junta (de Castilla Y León), los que solemnemente han proclamado a los cuatro vientos que nuestra autonomía no tendría problemas si los empresarios arriesgasen más y doblaran sus inversiones.

            Y hasta aquí podíamos llegar, a que  culpabilicemos a los que tienen dinero de los males que nos aquejan. Ni hablar. 

Si para unos que podían ser felices les hacemos creer que son malas personas porque no ponen una mercería o amplían la que tienen, lo que estamos haciendo es amargarles la vida, creándoles mala conciencia. 

Y ya ni ellos ni nosotros, ni nadie podrá disfrutar de lo que tiene.

            La sociedad no tiene por qué depender de unos particulares y menos de sus estados de ánimo para invertir o no. 

Un empresario, alguien con dinero, no tiene obligación, ni moral, ni ética, ni social, de jugarse lo que tiene poniendo un negocio. 

Agradezcámosles que no se cepillan sus ahorros y a vivir que son dos días.

            Son los políticos (que se han ofrecido voluntariamente para ello) los que tienen la obligación de resolver los problemas de todos. 

Por cierto, que con los sueldazos que se autoimponen, bien podrían invertir un poco, si es esa su teoría política, aunque sea empezando por poner un puesto de castañas (¿no les gusta arriesgar?).

            Si la especie humana tiene cien millones de años, sólo desde hace unos diez mil aparecieron los primeros empresarios. 

Se deduce de ello que los empresarios no eran necesarios para nada, pues, si no, aún estaríamos colgados de la rama de un árbol. 

Salimos de la selva sin que nadie arriesgara su dinero que ni siquiera existía. 

Fue el trabajo de la gente el que generó el bienestar material.¿En nombre de qué va a arriesgar nadie su dinero?. 

Empresarios del mundo, uníos, y haced lo que queráis. 

Como ahora.


             Francisco Molina. Comienzo de siglo

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